En pleno norte de Bogotá hay una vieja casa en ruinas. Quedan rastros de su esplendor; un lago escondido por la hierba, del que da seña el canto de unas ranas perdidas y un puente irracional, comido a medias por la maleza. La casa fue adquirida por “El Mexicano” en los años 80 y después de su allanamiento fue destruida paulatinamente por la cacería incesante de los guaqueros y las fogatas de los indigentes. Todavía está el Land Cruiser abaleado en una salida aparatosa, esperando el término improbable del proceso burocrático de su extinción de dominio. Y una flota de taxis, y camiones de acarreo decomisados que fueron hundiéndose en la hierba a través de los años.
Los guardas recitan toda clase de mitos urbanos: -por aquí, encima del baño turco, se paseaban las reinas para ser escogidas por el capo; acá, en este muro quedó emparedada, por partes una niña que no quiso acceder al deseo del patrón. Por las noches, la casa deja sueltos todos sus fantasmas, todas sus torturas y sus muertes olvidadas, sus décadas de escombros y decadencia. Como si hubiera una estación de onda corta que capta, a medias, alocuciones enredadas y pérdidas en el espacio, espectros que sólo saben flotar por ahí como imágenes sin destino.
La muestra tendrá lugar en otro inmueble allanado por la Dirección Nacional de Estupefacientes en los noventa, no muy lejos de la antigua propiedad de “El Mexicano” en Bogotá. La exposición se estructura a partir de series fotográficas realizadas con material recopilado recientemente en la casa de Rodríguez Gacha y de una instalación de video en la que se recuenta un escabroso simulacro que fue organizado por unos estudiantes de teatro de la Universidad de Antioquia en 1999, y que dejó una huella imborrable en los que lo padecieron. |
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There is an old house in ruins in the north of Bogotá. A visitor can still see some remnants of its lost splendor: a disappeared lake, covered by grass, whose existence is suggested by some forlorn singing frogs, and an irrational bridge leading nowhere, half engulfed by foliage. The house was acquired by El Mexicano (one of Colombia’s most ruthless mafia bosses in the 80’s) and later confiscated by drug enforcement authorities, the property was gradually destroyed by the incessant rummages of gold diggers seeking the mafia’s hidden treasures; and by the wild fires of the homeless who crept in to spend the night undercover.
Amidst the dereliction you may find a 4 wheel drive Land Cruiser ridden with bullets, from a wrong turn, that patiently awaits the interminable bureaucratic process of ownership foreclosure. There’s also a fleet of confiscated taxis and moving trucks that are slowly sinking in the grass.
Security guards are fond of retelling urban myths: -“here, above the Turkish bath room beauty queens were paraded to be picked by the boss; in this wall a girl was plastered who didn’t cater to his desires. At night the house lets loose all of its ghosts, all of its tortured souls, forgotten murders and decades of scourge and decadence. It is as if a short wave radio were picking up lost sound bites from the air, like spectres that drift along, like images that have lost their destiny.
The exhibition will take place in another house that was confiscated by the drug enforcement department of the Ministry of Justice in the 90s. It features photographs taken at El Mexicano’s mansion in Bogotá.
A separate video installation will also be shown, in which a violent simulacrum is retold by theatre students of the Universidad de Antioquia, who in 1999 experienced a frightful and elaborate hoax that left some of them scarred for life. |