Jaime Ávila
Archivo bancario [Financial archive] Bogotá, Mayo 31 – Junio 12 de 2006
“Las divisiones espaciales de los tres mundos (el Primer Mundo, el Segundo y el Tercero) se han mezclado en un revoltijo tal que continuamente hallamos el primer Mundo en el Tercero, el Tercero en el Primero y ya casi no encontramos el segundo en ninguna parte”.1
Jaime Ávila ingresó en el arte colombiano para
desordenar la sociedad de consumo y ponerla a sus ordenes.
Ahora parece desordenar la geografía y proponer otras
descripciones del mapa que conocíamos desde el colegio.
Las parcelas políticas de diferentes colores, las de
la clásica geografía , empiezan a cambiar y
a ser sustituidas por territorios con otros límites
que cruzan las fronteras nacionales. Toni Negri define esta
nueva configuración del mundo como el Imperio. Y no
se trata de una metáfora, como él mismo lo explica:
el concepto de Imperio se caracteriza porque desdibuja las
fronteras, dibuja otras a partir del poder del dinero y la
tecnología, impone el consumo y domina la vida social
en su totalidad. La descripción de este nuevo mundo
está más lejos del dibujo de los pequeños
y grandes países y más cerca de coleccionar
estrellas y suspenderlas “por toda la eternidad”,
casi de manera irreversible, sobre una única bandera;
coleccionar estrellas como países sobre un pedazo de
tela azul.
No es casual entonces que esta obra esté construida
a la sombra del archivo de una entidad financiera; el dinero
es un flujo soberano por encima de cualquier frontera. Bajo
esa sombra, Jaime Ávila dispone situaciones y experiencias
de ese nuevo orden global. La principal experiencia es en
realidad un mecanismo que en física se construye para
regular la concentración peligrosa de fluidos cuando
comienzan a ejercer presión. En este caso ese fluido
soberano, el dinero, es una bomba de tiempo.
En la exposición nos acosa un conteo regresivo y hay
un paisaje de ciudades rojas. Llegar a esta imagen tan sintética
es posible porque Jaime Ávila conoce la ciudad muy
bien. En sus obras anteriores hemos entendido la segregación
en la calle a través de la mirada que es la descalificación
por excelencia. La mirada es una herramienta para establecer
una distancia moral y expresar rechazo. Jaime Ávila
ha explorado las paradojas del espacio publico, un lugar definido
hasta el cansancio, por lo transitorio: definido por transeúntes
acosados por el reloj, o por paseantes que disponen de las
tardes para hacer sus recorrido a la deriva. Al contrario
de estas definiciones, Jaime Ávila nos mostró
una calle habitada de manera permanente por sujetos que se
cubren de harapos exuberantes para marcar su diferencia. En
la vida en una pasarela, los habitantes de la calle con su
atuendo, ejercen el derecho a ocupar un lugar en ese territorio
transitorio y tratan de construirse una precaria intimidad
en un rincón con sus ropas; tratan de construirse un
lugar donde se pueda vivir siendo cada vez más sucio
que el día anterior o donde se puede comer lo que se
recoge y vivir en la noche. Los personajes de las fotos de
Ávila son jóvenes de 19 años, y en su
actitud se nota que no siempre han vivido en la calle; tal
vez pertenecen a aquellos que no caben dentro de un sistema
de una sóla vía y que llamamos fracasados.
Y es que la mirada de Jaime Ávila desde siempre ha
considerado el poder, cualquiera que este sea, como una ficción.
Por ejemplo Bogotá, la ciudad de los planes de desarrollo,
tiene su anverso: Ciudad Bolivar, esa ciudad amontonada que
va tomando forma con vida propia. También el poder
de la cámara de fotografía para capturar lo
exótico, él lo convierte en un método
para entrar en contacto con las experiencias de los otros,
por ejemplo un grupo de jóvenes que el llamó
los radiactivos:
” Los radioactivos son “pelados” tirados
por ahí en la ciudad, al azar. Radiactivo es un término
que me gusta porque es algo nuclear o pos nuclear que nombra
algo sobrevive aun que nadie le interese” (Entrevista
con el artista 2001).
Todavía recuerdo su participación en un Salón
Regional donde vi su trabajo por primera vez y me pareció
insólito. Se trataba de un simulacro de hombre con
pantalones y tenis mirando a través de una “
especie” de cámara de fotografía de cajón,
cubierto por una tela negra, y atrapado por un efecto hipnótico:
en realidad, detrás de la cortina había una
especie de caleidoscopio, una televisión precaria construida
con restos de tecnología inservibles. Vinieron tantas
obras donde aparecía para mí como un artista
adolescente, desordenador de la cultura de masas, porque la
verdad, la cultura de masas también hipnotiza y nosotros
al consumirla la dejamos intacta. Pero Jaime Ávila
es de esos artistas que nos enseñó a ver, nos
convenció de su modo de hacer y se ha ido refinando
en “vertical”. Es decir , sigue con el mismo espíritu
desordenador y adolescente en el sentido literal, el de quien
entiende el mundo desde el desajuste – no todas las
piezas encajan–, desde la carencia de afecto y desde
la incomodidad con los límites.
Este espíritu vuelve a aparecer en esta obra pero
con todo su poder reflexivo. Toda crítica a ese imperio
del capital, lejos de destruirlo, lo consolida. Lo que lo
destruye es la deriva del deseo. Lo destruye la resitencia
de la gente que no se deja definir como fuerza de trabajo,
que protesta con símbolos frente a las embajadas y
que además como forma de protesta, así sea inconsciente,
proponen la ley del que desea. Manifiestan lo que hay de político
en las pasiones y pulsiones. Proponen que por debajo del orden,
late lo que el orden mismo reprime. No es casual entonces
que esta obra esté construida a la sombra del archivo
de una entidad financiera, y que a su sombra, Jaime Ávila
disponga situaciones y experiencias de individuos que con
el ejercicio de su propia individualidad ponen en jaque el
sistema de poder. Bomba, un mecanismo que en física
se construye para regular la concentración peligrosa
de fluidos cuando comienzan a ejercer presión. Bombas,
mecanismos ojalá de un cambio de tiempo, diseminadas
por ahí en los deseos de la multitud.
1 Michael Hart y Antonio Negri. Imperio. Paidos. Buenos Aires,
2002